Fryderyk
Franciszek Chopin (Szopen)nota 1 (en francés, Frédéric François Chopin,nota 2
Żelazowa Wola, Gran Ducado de Varsovia, 1 de marzo1 2 o 22 de febreronota 3 de
1810-París, 17 de octubre de 1849) fue un compositor y virtuoso pianista polaco
considerado como uno de los más importantes de la historia y uno de los mayores
representantes del Romanticismo musical. Su perfecta técnica, su refinamiento
estilístico y su elaboración armónica han sido comparadas históricamente, por
su perdurable influencia en la música de tiempos posteriores, con las de
Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven o Johannes Brahms.
Infancia
Casa
natal de Chopin en Żelazowa Wola.
Padres
de Frédéric Chopin
Mikołaj
Chopin y Tekla Justyna Krzyżanowska, padres del compositor. Ambas fotografías
fueron tomadas en 1829.
Frédéric
Chopin nació en la aldea de Żelazowa Wola, en el voivodato de Mazovia, a 60
kilómetros de Varsovia en el centro de Polonia, en una pequeña finca propiedad
del conde Skarbek, que formaba parte del Gran Ducado de Varsovia. Recibió el
nombre de Fryderyk Franciszek Chopin. La fecha de su nacimiento es incierta: el
propio compositor (y su familia) declaraba haber venido al mundo en 1810, el 1
de marzo y siempre celebró su cumpleaños en aquella fecha, pero en su partida
bautismal figura como nacido el 22 de febrero. Si bien lo más probable es que
esto último fuese un error por parte del sacerdote (fue bautizado el 23 de
abril en la iglesia parroquial de Brochow, cerca de Sochaczew, casi ocho
semanas después del nacimiento), esta discordancia se discute hasta el día de
hoy.3
Su
padre, Mikołaj Chopin (Marainville, Lorena, 1771-1844), era un emigrado francés
con lejanos ancestros polacos, que se había trasladado a Polonia en 1787,
animado por la defensa de la causa polaca, y era profesor de francés y
literatura francesa; también era preceptor de la familia del conde Skarbek. Su
madre, Tekla Justyna Krzyżanowska (Dlugie, Kujawy, 1782-1868), pertenecía a una
familia de la nobleza polaca venida a menos y era gobernanta de la finca. Sin
embargo, la familia se trasladó a Varsovia en octubre del mismo año, pues su
padre había obtenido el puesto de profesor de francés en el Liceo de Varsovia.
Ambos tuvieron tres hijas más: Ludwika (también conocida como Ludvika,
1807-1855), Izabella (1811-1881) y Emilia (1813-1827). Frédéric era el segundo
hijo y único varón.
Frédéric
Chopin y sus hermanas crecieron en un entorno en el que el gusto por la cultura
en general y, la música en particular, era considerable. Su primera maestra de
piano fue su hermana Ludwika, con quien luego tocaba duetos para piano a cuatro
manos. Al destacar pronto sus excepcionales cualidades, a los seis años sus
padres lo pusieron en manos del maestro Wojciech Żywny, violinista, amante de
la música de Johann Sebastian Bach (hecho entonces poco común) y de Wolfgang
Amadeus Mozart, y que basaba sus enseñanzas principalmente en dichos
compositores.
Un
año más tarde, cuando tenía siete años de edad, compuso su primera obra y como
no sabía escribir muy bien, la pieza fue anotada por su padre. Se trataba de la
Polonesa en sol menor para piano, publicada en noviembre de 1817 en el taller
de grabado del padre J. J. Cybulski, director de la Escuela de Organistas y uno
de los pocos editores de música polacos de su tiempo; ese mismo año compuso
otra Polonesa en si bemol mayor. A estas siguieron otras polonesas, además de
marchas y variaciones. Algunas de estas composiciones se encuentran hoy
perdidas.
A
los ocho años tocaba el piano con maestría, improvisaba y componía con soltura:
dio su primer concierto público el 24 de febrero de 1818 en el palacio de la
familia Radziwill de Varsovia, donde tocó el Concierto en mi menor de Vojtech
Jirovec. Pronto se hizo conocido en el ambiente local de la ciudad, considerado
por todos como un niño prodigio y llamado el «pequeño Chopin». Comenzó a dar
recitales en las recepciones de los salones aristocráticos de la ciudad, para
las familias Czartoryski, Grabowski, Sapieha, Mokronowski, Czerwertynski,
Zamoyski, Radziwill, Lubecki, Zajaczek, Skarbek y Tenczynski, tal como hiciese
Mozart a la misma edad. Así se ganó un número creciente de admiradores.
También
desde su niñez se manifestó ya un hecho que marcó poderosamente su vida: su
quebradiza salud. Desde niño había sufrido inflamaciones de los ganglios del
cuello y había tenido que soportar frecuentes sangrías.
Adolescencia
Chopin
en 1829, obra de Ambroży Mieroszewski.
Entre
1817 y 1827, la familia Chopin vivió en un edificio adyacente al palacio
Kazimierz en la Universidad de Varsovia. El edificio está adornado en la actualidad
con un perfil de Chopin.
En
1822, terminó sus estudios con Żywny y comenzó a recibir clases privadas con el
silesiano Józef Ksawery Elsner, director de la Escuela Superior de Música de
Varsovia; probablemente recibió irregulares pero valiosas lecciones de órgano y
piano con el renombrado pianista bohemio Vilem Würfel. Elsner, también amante
de Bach, se encargó de perfeccionarlo en teoría musical, bajo continuo y
composición.
A
partir de julio de 1823 el joven Chopin compaginó sus estudios con Elsner con
sus cursos en el Liceo de Varsovia (donde enseñaba su padre), donde ingresó al
cuarto ciclo y recibió clases de literatura clásica, canto y dibujo. En 1824
pasó sus vacaciones en Szafarnia, Dobrzyń, en casa de un amigo, alumno de su
padre. Allí tuvo contacto por primera vez con la tierra polaca y los campesinos
que la habitaban y con la música folclórica de su patria. Estos breves
contactos le bastarían para sembrar en su plástica mente adolescente lo que
luego emergería en la madurez de su genio. «Los artículos, las películas que
muestran al joven Chopin que pasa la vida en los medios populares nos engañan
doblemente. Primero, porque los hechos son inexactos. Después, porque equivale
a dar pruebas de una gran desconocimiento de lo que es un cerebro de artista:
un paisaje iluminado por una chispa, una reacción química en la que no existe
proporción alguna entre causa y efecto».
El
7 de julio de 1826 Frédéric completó sus estudios en el Liceo y se graduó cum
laude el 27 del mismo mes. Al mes siguiente viajó por primera vez fuera de
Polonia: fue con sus hermanas a descansar a Bad Reinerz (actual Duszniki-Zdrój)
en Silesia del Sur. En noviembre del mismo año se inscribió en la Escuela
Superior de Música de Varsovia, entonces parte del Conservatorio de la ciudad y
conectada con el Departamento de Artes de la Universidad. Allí continuó sus
estudios con Elsner, pero no asistió a las clases de piano. Elsner, que lo
conocía, comprendió su decisión, pero fue muy exigente en las materias teóricas
que le enseñó, sobre todo en contrapunto. Gracias a esto, adquirió una sólida
comprensión y técnica de la composición musical. En este tiempo, compuso su
Sonata para piano n.º 1 en do menor Op. 4, sus Variaciones sobre el aria «Là ci
darem la mano» (de la ópera Don Giovanni de Mozart) para piano y orquesta Op. 2
y el Trío para violín, violonchelo y piano Op. 8, evidentemente obras de mayor
envergadura, basadas en formas clásicas (la sonata y las variaciones
concertantes). Elsner escribiría en las calificaciones finales de sus estudios:
«talento sorprendente y genio musical».
En
marzo de 1828 el famoso compositor y pianista alemán Johann Nepomuk Hummel
llegó a Varsovia a dar conciertos; Chopin tuvo ocasión de escucharlo y
conocerlo. En noviembre del mismo año se produjo su segunda salida de Polonia:
viajó a Berlín con el profesor Feliks Jarocki, colega de su padre, para asistir
a un Congreso de Naturalistas. En esa ciudad se concentró en conocer la vida
musical en Prusia, escuchó en la Academia de Canto las óperas Cortez de Gaspare
Spontini, Il matrimonio segreto de Domenico Cimarosa y Le Colporteur de George
Onslow, y quedó fascinado por el oratorio Cäcilienfest de Georg Friedrich
Händel. Frédéric siempre mantuvo un gran interés por la ópera, estimulado por
su maestro Elsner. Tres años antes había quedado impresionado por El barbero de
Sevilla de Gioacchino Rossini. Siempre en sus viajes se dio tiempo para asistir
a representaciones operísticas.
El
célebre virtuoso del violín Niccolò Paganini, quien deslumbró a Chopin en 1829.
En
mayo de 1829, el célebre violinista italiano Niccolò Paganini llegó a Varsovia
a dar conciertos. Chopin acudió a verlo y quedó profundamente deslumbrado por
su virtuosismo. Su deuda con él ha quedado patente en el Estudio para piano Op.
10 n.º 1, que componía por esos días.3
Su
prestigio local como compositor y pianista ya traspasaba las fronteras de su
patria; el violinista Rodolphe Kreutzer (destinatario de la Sonata para Violín
n.º 9 de Ludwig van Beethoven), Ignaz von Seyfried (discípulo de Mozart), los
fabricantes de piano Stein y Graff, y el editor Hasslinger, entre otros,
deseaban que el joven diese un concierto en Viena. En 1829 realizó un breve
viaje a aquella ciudad, el primero como concertista en el extranjero. En dos
conciertos (el 11 y el 18 de agosto) en el Teatro Kärntnertor, presentó sus
Variaciones Op. 2 (de dos años antes) entre otras obras suyas. El éxito fue
apoteósico y el joven compositor no salía de su asombro por la cálida
aceptación de sus composiciones y su técnica interpretativa por parte del
exigente público vienés. La crítica fue inmejorable, pero algunos criticaron el
poco volumen que conseguía en el piano, parte de su estilo de interpretación,
más adecuado al salón que a la sala de conciertos. Por otro lado, gracias al éxito
de las Variaciones mozartianas, ésta se convirtió en su primera obra publicada
por un editor extranjero, Haslinger, en abril de 1830.
Después
de pasar por Praga, Dresde y Breslau (actual Wrocław), regresó a Varsovia,
donde se enamoró de Konstancja (Konstanze) Gladkowska (1810-1880), una joven
estudiante de canto del Conservatorio, que había conocido en 1828 en un
concierto de estudiantes de Carl Soliva. De esta primera pasión juvenil
nacieron varias obras memorables: el Vals Op. 70 n.º 3 y el movimiento lento de
su primer Concierto para piano y orquesta en fa menor. Sobre él reconoció a su
amigo Titus Woyciechowski: «Quizá desafortunadamente, tengo mi propio ideal, al
que en silencio sirvo desde hace medio año, con el que sueño y en cuyo recuerdo
he compuesto el Adagio de mi nuevo concierto» (1829)5 Dicha obra fue estrenada
en el Club de Mercaderes de Varsovia en diciembre del mismo año y publicada
posteriormente como n.º 2, Op. 21. También le informaba a T. Woyciechowski: «He
compuesto unos pocos ejercicios; te los mostraré y tocaré pronto»;6 estos
«ejercicios» se convertirían en la primera serie de Estudios Op. 10. Además,
componía ya sus primeros nocturnos del Op. 62 n.° 1, 1829) y sus Canciones para
voz y piano sobre poemas de Stefan Witwicki (parte del futuro Op. 74, La
plegaria de la doncella, arreglo para piano solo por Franz Liszt).
Chopin
tocando frente a la familia aristocrática de los Radziwiłł.
Aquel
romance fue un ardiente sentimiento, mas no decisivo, pues ya estaba resuelto a
ser compositor y pronto decidió emprender un «viaje de estudios» por Europa.
Originalmente pensó en viajar a Berlín, adonde había sido invitado por el príncipe
Antoni Radziwiłł, gobernador del Gran Ducado de Posen designado por el rey de
Prusia; Chopin había sido su huésped en Antoni. Sin embargo, finalmente se
decidió por Viena, para consolidar los éxitos de su primera gira. Aunque su
correspondencia de este tiempo en Polonia tiene un tono de cierta melancolía,
fueron tiempos felices para él, celebrado por los jóvenes poetas e
intelectuales de su patria. Konstancja se casaría con otro hombre en 1830.
Después
de tocar varias veces su Concierto en fa menor en veladas íntimas, su fama era
ya tan amplia que se le organizó un gran recital en el Teatro Nacional de
Varsovia el 17 de marzo de 1830, el primero como solista en ese auditorio, que
nuevamente causó sensación. En aquel tiempo trabajaba en su segundo Concierto
para piano y orquesta en mi menor (posteriormente numerado como n.º 1, Op. 11)
que estrenó el 22 de septiembre en su casa, y comenzaba el Andante Spianato y
Polonesa Op. 22. Paralelamente, se producían entonces en Varsovia unos
levantamientos y asonadas que fueron severamente reprimidos y causaron muchas
muertes. Estas visiones impresionaron profundamente al artista, que años
después compondría en homenaje a esos manifestantes su célebre Marcha fúnebre
(incluida después en la Sonata para piano n.º 2 en si bemol menor Op. 35).
Poco
antes de su partida, se le organizó un concierto de despedida el 11 de octubre
en el mismo gran teatro, donde, ante una gran audiencia, su amada Konstancja
—«vestida toda de blanco, con una corona de rosas que le iba admirablemente»,
diría Chopin3 — cantó arias de la ópera La donna del lago de Rossini. Luego él
mismo interpretó su Concierto en mi menor y su Gran Fantasía sobre Aires
Polacos Op. 13. En la mazurca final, el público lo ovacionó largo rato de pie.
Días después, en una taberna de Wola, sus amigos le regalaron una copa de plata
con un puñado de tierra polaca en ella. Su maestro Elsner dirigió un pequeño
coro que cantó una breve composición propia para la despedida: Zrodzony w
polskiej krainie (Un nativo del suelo polaco). El 2 de noviembre, se marchó
para perfeccionar su arte, confiando en volver pronto a su patria, pero no
volvería jamás.
Viena
y el Levantamiento en Polonia
La
toma del arsenal de Varsovia, uno de los primeros sucesos del Levantamiento de
Noviembre.
Después
de pasar por Kalisz — desde donde viajó con su amigo del Liceo, Titus
Wojciechowski—, Breslavia y Dresde, estuvo un día en Praga y luego enrumbó
hacia Viena (a donde llegó el 22 de noviembre de 1830), para hospedarse en
Kohlmarkt 9. Permaneció ahí hasta el 20 de julio del año siguiente. Días
después de llegar, se enteraron del Levantamiento de Noviembre, la insurrección
polaca contra los rusos, que comenzó el 29 de noviembre; Woyciechowsky regresó
a Varsovia para unirse a los revolucionarios, pero lo convenció de quedarse en
Viena.
Su
segunda estancia en la capital del Imperio austríaco no fue ni mucho menos tan
feliz. Ya no llegaba como una joven sensación del extranjero, sino como alguien
que deseaba incorporarse permanentemente al ambiente musical vienés, y los
artistas y empresarios le mostraron indiferencia y hasta hostilidad.7 Además,
no era nada fácil conquistar el gusto del bullicioso público vienés: «El
público sólo quiere oír los valses de Lanner y Strauss» escribía en una carta.3
Por otro lado, la insurrección polaca no era bien vista en el Imperio
austriaco. Por todas estas razones sólo dio dos recitales en Viena durante esos
ocho meses, con modesto éxito.
Debido
a ello, su estado de ánimo decayó, además emocionalmente se llenó de ansiedad
por la situación de su país y de su familia. Sus sentimientos son conocidos por
sus cartas y sus diarios. En un momento abandonó sus planes de seguir su
carrera; escribió a Elsner: «En vano Malfatti trata de convencerme de que todo
artista es un cosmopolita. Incluso, si así fuera, como artista, apenas soy un
bebé, como polaco, tengo más de veinte años; espero por lo tanto que,
conociéndome bien, no me reprochará usted que por ahora no haya pensado en el
programa del concierto».8 Se refería a un concierto benéfico que dio el 11 de
junio de 1831 nuevamente en el Teatro Kärntnertor donde tocó el Concierto en mi
menor.
Sin
embargo, no puede decirse que todo este tiempo quedó desperdiciado para Chopin.
Además de conocer a músicos como Anton Diabelli, Vaclav Jirovec, Joseph Merk y
Josef Slavik, y de asistir a varios eventos musicales y óperas, las fuertes y
dramáticas experiencias y emociones inspiraron la imaginación del compositor, y
probablemente aceleraron el nacimiento de un estilo nuevo e individual,
diferente al brillante estilo anterior. En los «diarios de Stuttgart» escribió
después: «¡Y yo aquí, condenado a la inacción! Me sucede a veces que no puedo
por menos de suspirar y, penetrado de dolor, vierto en el piano mi
desesperación».3 Compuso el Nocturno n.º 20 en do sostenido menor, y avanzaba
los Estudios Op. 10, los nocturnos Op. 9 (entre ellos el famosísimo Op. 9 n.º
2, el Op. 15 n.º 2 y comenzaba el Scherzo en si menor y la Balada n.º 1 en sol
menor.
Viéndose
forzado a renunciar a su primera intención de viajar a Italia debido a la
situación política, decidió dirigirse a Londres vía París. El 20 de julio de
1831 dejaba Viena, pasando por Linz y los Alpes hasta Salzburgo. El 28 de
agosto llegó a Múnich, donde tocó en una matinée de la Philarmonische Verein; a
inicios de septiembre llegó a Stuttgart, donde conoció a Johann Peter Pixis. En
esta ciudad se enteró de la caída de Varsovia ante las tropas rusas y del fin
del Levantamiento de Noviembre; la noticia le impactó tan hondamente, que le causó
una fiebre y una crisis nerviosa. Los llamados «diarios de Stuttgart» revelan
su desesperación, rayando a veces en la blasfemia: «El enemigo ha entrado en
casa [...] Oh, Dios, ¿existes? Haces y aún no cobras venganza. ¿Acaso no
tuviste suficiente con los crímenes de Moscú? O... ¡O quizás Tú seas
moscovita!»6 La tradición considera que fruto de estas noticias y estos
sentimientos nacieron el Estudio «Revolucionario» en do menor Op. 10 n.º 12 y
el Preludio en re menor Op, 28 n.º 24, aunque lo más probable es que los
compusiese en Varsovia.7
París
Polonesa
de Chopin - un baile en el Hôtel Lambert de París, aguada y gouache, 1849-1860,
pintado por Teofil Kwiatkowski, Museo Nacional de Poznań.
Chopin
llegó a París en el otoño de 1831; inicialmente se alojó en un apartamento en
el quinto piso del Boulevard Poissonière 27.9 La ciudad —capital de la
Monarquía de Julio de Luis Felipe I— era el centro mundial de la cultura y
muchos de los mayores artistas del mundo vivían allí: Victor Hugo, Honoré de Balzac
y Heinrich Heine, entre los escritores. Pronto el joven polaco conocería a
varios de estos intelectuales y llegaría a formar una parte importante de esa
intensa actividad cultural.
El
doctor Giovanni Malfatti le había dado una carta de recomendación para el
compositor Ferdinando Paër, que le abrió muchas puertas. Pronto tendría
contacto con Gioacchino Rossini, Luigi Cherubini, Pierre Baillot, Henri Herz,
Ferdinand Hiller y Friedrich Kalkbrenner, uno de los pianistas más grandes de
su tiempo, llamado el «rey del piano». Al escucharle, Kalkbrenner alabó su
inspiración y buen gusto, pero también le objetó varios defectos; por ello se
ofreció para darle lecciones durante tres años: Chopin le respondería —como le
escribió a T. Woyciechowsky—: «Sé cuánto me falta, pero no quiero imitarle».
Pronto escribió a Elsner: «No deseo ser una copia de Kalkbrenner [...]. Nada
podría quitarme la idea ni el deseo, acaso audaz, pero noble, de crearme un
mundo nuevo».
Las
lecciones con Kalkbrenner duraron aproximadamente un año, en forma espontánea
Felix Mendelssohn le declara: «No aprenderá nada, además toca usted mejor que
él».10
De
ese modo fue introduciéndose gradualmente en la actividad musical de París,
desistiendo del viaje a Londres que originalmente había planeado hacer. Su
primer concierto público fue tan fabuloso que se convirtió en el tema de
conversación de toda la ciudad. Éste se llevó a cabo el 26 de febrero de 1832
en la Sala Pleyel, calle Cadet:9 en el programa figuraba su Concierto en fa
menor y las Variaciones mozartianas, en la segunda parte compartió el escenario
con notables pianistas como Camille-Marie Stamaty, George Osborne y Ferdinand
Hiller, para interpretar una Polonesa de Kalkbrenner, a seis pianos.6 Entre el
público se encontraban músicos de la talla de Mendelssohn y Franz Liszt, y
entabló pronto amistad con el último, que también radicaba en la ciudad. Se
sentía sorprendido y estimulado por la intensa vida cultural y también por la
libertad de acción que podía ejercer. Asistía a conciertos y a óperas;
fascinado por Robert le diable de Giacomo Meyerbeer diría: «Ésta es una obra
maestra de la nueva escuela».6
En
abril de 1832 el cólera hizo estragos en la población de París, diezmó a las
clases trabajadoras e hizo huir a las provincias a los más pudientes, Orlowski,
compatriota y amigo de Chopin escribió a los suyos: «Me ocurre que voy a verlo
y vuelvo sin haber cambiado una palabra con él tan melancólico está. [...] En
París la situación es mala. Los artistas se ven reducidos a la miseria, porque
el cólera ha hecho huir a las provincias a todas las familias ricas...» Pronto
sin embargo el azar tiende una mano de ayuda:
Un
día de mayo de 1832, Chopin se pasea por el bulevar y se encuentra en él a
Valentín Radziwill, padre del príncipe Antonio, quién lo lleva a una velada
ofrecida por James de Rothschild. El joven se sienta al piano sin haberse
preparado y obtiene un éxito mucho mayor que en ninguno de los conciertos que
dio hasta entonces. Allí está presente la élite de la sociedad [...] de la
noche a la mañana el nombre de Chopin vuela de boca en boca. Se aprecia su
distinción, su talento. Se le piden lecciones: la baronesa de Rothschild se
inscribe a la cabeza de la lista. Entre las familias adineradas, los Rothschild
se entusiasmaron particularmente con el talento de Chopin,11 y, junto a otras
familias pudientes —como la princesa de Vaudemont, el príncipe Adam
Czartoriski, el conde Apponyi o el mariscal Lannes— lo tomaron bajo su
protección.12 13 La situación cambia bruscamente, el horizonte se aclara y la
esperanza renace en Chopin. De todos modos, el oficio de profesor no es en modo
alguno lo que tenía en vista.14
Desde
mayo de 1832 comenzó a ganarse la vida dando clases de piano y pronto llegaría
a convertirse en un pedagogo muy requerido y bien pagado hasta el fin de su
vida. Prefirió presentarse en las veladas o soirées que se ofrecían en los
salones de la sociedad aristócrata, en una atmósfera intimista con una pequeña
y singular audiencia, no ávida de virtuosismo, sino especialmente culta y
sensible y afín al músico. Este público estaba compuesto en buena parte por
artistas, entre ellos Eugène Delacroix, la familia Rothschild, Adam Mickiewicz,
Heinrich Heine, la condesa Marie d'Agoult y Franz Liszt, además de otros
miembros de la alta sociedad; justamente Liszt se refirió a esta audiencia
como: «[...] la aristocracia de la sangre, del dinero, del talento, de la
belleza».3 Por esa razón, a diferencia de otros colegas famosos, durante el resto
de su vida ofreció unos pocos conciertos «públicos» (en auditorios o salas de
concierto): sólo 19 en París.5
Por
otro lado, debido a la derrota de las revueltas polacas, a la capital francesa
llegaron muchos compatriotas suyos de la Gran Emigración, con su líder el noble
Adam Jerzy Czartoryski: entre los intelectuales y artistas figuraban el
escritor Julian Ursyn Niemcewicz, los poetas románticos Adam Mickiewicz y
Juliusz Slowacki, también sus amigos Stefan Witwicki y Bohdan Zaleski.
Se
hizo miembro de la Sociedad Literaria Polaca en 1833, a la que apoyó
económicamente y dio conciertos benéficos para sus compatriotas. Es importante
remarcar además que, habiendo decidido radicarse en París, escogió ser un
émigré, un refugiado político. No obedeció a las regulaciones del Zar para la
dominada Polonia, ni renovó su pasaporte en la Embajada rusa. Por ello, perdió
la posibilidad de regresar legalmente a su tierra. Pronto se hizo de algunos
amigos entrañables: Delfina Potocka, el violonchelista August Franchomme, y
después el compositor italiano Vincenzo Bellini.
Éxito
en Europa En junio de 1832 se mudó a la
calle Cité Bergère 4. Su prestigio comenzaba a extenderse no sólo en París sino
en toda Europa. Firmó un contrato para la publicación de su música con
Schlesinger, la casa editora más importante de Francia; en Leipzig era
publicado por Probst y luego por Breitkopf & Härtel, en Berlín por Karl K.
Kistner y en Londres por Christian R. Wessel. Por ello, entre este año y 1835,
estuvo extraordinariamente ocupado; además de las clases cotidianas y los
recitales nocturnos, se abocó a componer febrilmente, acicateado por los
editores que le adelantaban dinero para publicar sus piezas. De este período
datan las Variaciones Brillantes Op. 12, el Rondó Op. 16, el Vals Op. 18, el
Andante Spianato y Gran Polonesa Brillante Op. 22, el Scherzo n.º 1, las
Mazurcas Op. 24 y las Polonesas Op. 26.
El
compositor Robert Schumann al reseñar el 7 de diciembre del año anterior sus
Variaciones Op. 2 en el Allgemeine Musikalische Zeitung exclamaría el célebre:
«Quitaos el sombrero, señores: un genio». Curiosamente, Chopin estimó
«completamente estúpido» dicho artículo.9 También mantuvo una amistad con
Hector Berlioz.
En
1833 se trasladó a un nuevo hogar: Chaussée d'Antin 5. Su fama era ya inmensa.
En una carta a Hiller del 20 de junio de ese año dice: «En este momento, Liszt
toca mis estudios [...]. Heine manda sus más cordiales saludos [...]. Saludos
de Berlioz».6 Tocaba el 15 de diciembre junto a Liszt y Hiller el Concierto para
tres clavicémbalos de Johann Sebastian Bach en el Conservatorio de París.
Impresionado por la manera en que los ejecutaba, dedicó sus Estudios Op. 10: à
mon ami F. Liszt (mi amigo F. Liszt).6
En
1834 conoció en el salón de la cantante Lina Freppa al entonces célebre
compositor de ópera Vincenzo Bellini, que llegaría a ser un amigo muy
entrañable. En mayo viajó a Aquisgrán a un festival musical renano organizado
por Ferdinand Ríes, en donde escuchó obras de Händel, Mozart y la Novena
Sinfonía de Beethoven. Viajó por Düsseldorf, Coblenza y Colonia y conoció a
Felix Mendelssohn; éste le comentó a su madre en una carta: «Chopin es
actualmente un pianista fuera de serie [...] hace lo que Paganini con el
violín».6 El 26 de abril de 1835 ofreció un concierto en el Conservatorio de
París donde tocó el Andante Spianato y Polonesa para piano y orquesta en mi
bemol mayor Op. 22, en el que sería realmente su último concierto público; fue
un gran éxito.6
Amor
y compromiso
Chopin
estuvo comprometido con Maria Wodzińska pero el matrimonio se vio truncado por
el precario estado de salud del compositor polaco.
En
el invierno de 1835 se sintió tan mal, que creyó que se moría; de hecho, en ese
momento, escribió el primer borrador de su testamento, estaba tan afligido, que
incluso llegó a pensar en suicidarse.
En
la primavera de 1836, su enfermedad volvió a manifestarse con énfasis, aunque
sus malestares no le impidieron solicitar —y obtener— la mano de Maria
Wodzińska, una adolescente de 17 años de la que se había enamorado. El
compromiso fue mantenido en secreto. Posteriormente, y al conocer la enfermedad
que padecía el músico, la familia Wodzińska declinó el compromiso.
Más
tarde, se trasladó de nuevo a Leipzig para encontrarse con Schumann, y tocar
ante él fragmentos de su Balada n.º 2 y varios estudios, nocturnos y mazurcas.
Al
regresar a París, fue abandonando poco a poco las salas de concierto para
concentrarse en la composición. De ahí en adelante, quienes deseaban escucharlo
debían hacerlo en el ámbito semipúblico de su estudio. Daba aproximadamente
cinco clases de piano diarias a diferentes jóvenes adinerados, pero nunca pudo
ocultar su aburrimiento y su desdén por estos niños sin talento, que estudiaban
piano sólo porque sus padres disponían de dinero para pagar a un gran maestro.
Durante
ese año completó la Balada Op. 23 (cuyos primeros esbozos había presentado a
Schumann) y los dos Nocturnos Op. 27.
George Sand
George Sand.
A
finales de octubre de 1836, Frédéric fue invitado por Franz Liszt y Marie
d'Agoult a una reunión de amigos en el Hôtel de France y fue acompañado por
Ferdinand Hiller. Al encuentro también acudió la baronesa Dudevant, más bien
conocida por su pseudónimo de George Sand, acompañada por sus hijos y madame
Marliani.15 Cuando fueron presentados por Liszt, Sand murmuró al oído de madame
Marliani: «Ese señor Chopin, ¿es una niña?». Chopin le comentó a Hiller
saliendo del hotel: «¡Qué antipática es esa Sand! ¿Es una mujer? Estoy por
dudarlo».16
Durante
ese verano, el músico viajó a Londres; asimismo, estuvo trabajando en los
Estudios Op. 25, las Mazurcas Op. 30, el Scherzo Op. 31 y los Nocturnos Op. 32.
A su regreso volvieron a encontrarse, esta vez en una reunión de amigos en casa
de Chopin, a la cual Sand acudió intencionalmente ataviada a la polaca, y
escuchó subyugada al dúo de Liszt y Chopin.16
Vencidas
las resistencias iniciales e instalada la pareja en verano de 1838, ésta duró
aproximadamente ocho años, en los cuales la pasión pronto dio lugar a la
amistad (en una carta dirigida por Sand a Grzimala, el 12 de mayo de 1847, se
lee: «Hace siete años que vivo como una virgen. Con él y con los otros».17 ) y
en la que hubo un intercambio de bienes mutuo, George Sand brindó apoyo y
protección a la frágil situación de Chopin -tanto física como económica- en
tanto que Chopin para Sand fue una figura pacificadora en una etapa para ella
difícil de crecimiento de sus hijos.
Comenzaron
su vida de pareja instalados en París, en viviendas contiguas, Sand con sus
niños. Después de la aventura de Mallorca, comenzaron a pasar la mitad del año
en Nohant, la finca de George Sand, en Berry. En octubre de ese año completó
sus Estudios Op. 25 —que dedicó a la condesa d'Agoult— y, un mes más tarde, el
Trío de la Marcha fúnebre (que posteriormente pasaría a formar parte de la
Sonata Op. 35) para la noche del aniversario de los alzamientos polacos de
1830.
Las
numerosas presentaciones públicas retornaron por sus fueros en 1838: un
concierto en las Tullerías —la corte de Luis Felipe I de Francia—, otro en los
salones del Papa, y un tercero, privado, en la casa del duque de Orleans. Los
mejores nombres de la cultura francesa se convirtieron en amigos personales de
Chopin: Victor Hugo, el pintor Eugène Delacroix, y muchos otros que lo habían
conocido y apreciado gracias a sus recitales.
Mallorca
Busto
de Chopin en la Cartuja de Valldemosa, junto al piano Pleyel que utilizó.
Al
aproximarse el invierno de 1838 su salud se había resentido y su médico le
aconsejó el clima saludable de las Islas Baleares para mejorarse. Así, el
compositor, Sand y los dos niños de ella viajaron a Barcelona, donde se
embarcaron en el paquebote El mallorquín, que los dejaría poco después en
Mallorca.
Allí
pasaron el invierno y compuso la mayor parte de sus veinticuatro Preludios op.
28. En la isla, se confirmó el diagnóstico de su enfermedad: el joven músico
había contraído tuberculosis. Dicha enfermedad, catalogada como altamente
contagiosa, no afectó en absoluto a la escritora y sus hijos, dato este que ha
hecho replantearse a algunos expertos el diagnóstico. La posibilidad de que
Chopin padeciese entonces algún otro tipo de afección degenerativa de las vías
respiratorias no catalogada hasta entonces cobra desde hace unas décadas más
fuerza.
Lo
que se suponía un viaje de placer, salud y creación, se convirtió en un
desastre: el invierno que se abatió sobre las islas ese año fue lluvioso sin
interrupción. La constante humedad no hizo sino empeorar la condición de sus
pulmones. En la Cartuja de Valldemosa, Sand lo atendió en su dolencia mientras
el maestro esperaba la llegada de un piano francés Pleyel desde París. Tras
varias complicaciones en el transporte del instrumento, fue instalado en el
monasterio de la Cartuja de Valldemosa, en la celda que Chopin y George Sand
tenían alquilada.nota 4 La misma celda que habitaron desde el 15 de diciembre
de 1838 hasta su precipitada salida de Valldemosa, el día 12 de febrero de
1839, víspera de su partida definitiva de la isla de Mallorca a causa de un
agravamiento de la dolencia respiratoria del compositor. El instrumento era
propiedad del fabricante, monsier Camille Pleyel, pues había sido enviado para
que el maestro pudiese trabajar en condiciones, y se convirtió, en el momento
de la mencionada partida, en un inconveniente más para la pareja de artistas,
ya que era difícil de transportar y probablemente las tasas aduaneras de salida
fueran tan elevadas como lo fueron las de entrada en la isla. Por todo ello la
escritora sondeó la posibilidad de su venta en la misma isla. Finalmente en la
víspera del regreso al continente, el matrimonio formado por Bazile Canut y
Hélène Choussat de Canut, banqueros de Palma, decidieron comprometerse a
adquirir el piano y a hacer efectivo su pago a monsier Pleyel, liberando así a
Chopin y Sand de esta carga.
Así
pues, el 13 de febrero embarcaron de vuelta a Barcelona, donde Chopin pasó una
semana convaleciente bajo los cuidados del médico del vapor de guerra francés
«Méléagre». Tras ocho días de reposo se trasladaron hasta Marsella, donde
esperaba el médico personal del músico, el doctor Cauvières.
Otra
vez París
Frédéric
Chopin, retrato (inacabado, de 1838) por Eugène Delacroix.
Pese
al tiempo invertido en la enseñanza, en 1840 publicó la Sonata Op.35, el
Impromptu Op. 36, los Nocturnos Op. 37, la Balada Op. 38, el Scherzo Op. 39,
las Polonesas Op. 40, las Mazurcas Op. 41 y el Vals Op. 42. El año siguiente
terminó la Polonesa Op. 44, el Preludio en do sostenido menor Op. 45, el
Allegro de concierto Op. 46, la Balada Op. 47 y los Nocturnos Op. 48. En 1841,
completó además la Fantasía en fa menor Op. 49, y comenzó la composición de las
Mazurcas Op. 50.
En
1842, Frédéric estrenó su Balada Op. 52, la Polonesa Op. 53, el Scherzo Op. 54,
el Impromptu Op. 51 y las Mazurcas Op. 56, en las que había comenzado a
trabajar el año anterior. Su fama, ya grande en los países occidentales, se
volvió enorme en su Polonia natal, cosechando excelentes críticas y comentarios
de la prensa y el público. El poeta Heinrich Heine escribía en Lutece: «Chopin
es un gran poeta de la música, un artista tan genial que sólo puede compararse
con Mozart, Beethoven, Rossini y Berlioz».
En
el verano de 1843, Chopin y Sand descansaron en Nohant, donde Frédéric concluyó
los Nocturnos Op. 55 y las Mazurcas Op. 56, comenzando la composición de la
Sonata en si menor, Op. 58, que posiblemente completara en el otoño siguiente.
Hacia
1845, su salud comenzó nuevamente a deteriorarse, pautando el proceso de
debilitamiento que finalmente lo conduciría a la muerte. Obligado a dar varios
recitales en París, recibió y escribió numerosas cartas de y para sus amigos
Delacroix y Mickiewicz, al tiempo que componía las Mazurcas Op. 59, comenzaba
la Sonata para violonchelo y piano Op. 65 y terminaba la Polonesa-fantasía, op.
61.
El
principio del finUn largo, caluroso y tormentoso verano marcó la última estadía
de Chopin en Nohant (1846): compuso los Nocturnos Op. 62, concluyó la Sonata
para cello y dio los toques finales a las Mazurcas Op. 63.
Desde
finales de 1845 y durante el año 46 comienza a tensarse la situación afectiva
del compositor, por diversos motivos. Los hijos de Sand ya no son niños, son
jóvenes que viven situaciones complicadas: de índole afectiva —preferencias de
Sand hacia Maurice y celos reactivos de Solange— y sentimental, cada uno en su
búsqueda de pareja. Chopin en medio de este hervidero de pasiones vive la
incómoda situación de no ser el padre ni de haber formado una pareja legal con
Sand (lo cual puede resentir a Maurice).18
Lucrezia
Floriani, el fin del amor19
A
todo esto se le suma la última novela de George Sand Lucrezia Floriani, en la
que ella y Chopin aparecen descritos de modo transparente en la figura de sus
protagonistas: Lucrezia y Karol, siempre con la particular perspectiva de Sand
de ver la vida y situarse en un pedestal.
Lucrezia,
famosa actriz italiana se ha retirado al campo para criar a sus hijos, conoce a
un adolescente dulce y sensible, que se enamora de ella y comienza un romance
en el que Lucrezia cuida a Karol como un "gatito enfermo" y sufre por
el difícil carácter de Karol, que padece celotipia.
Una
noche, Sand lee su novela a Chopin y Delacroix, Chopin finge no reconocerse en
Karol, pero Delacroix confiará a Mme. Jouvert: «¡Pasé tormentos durante esa
lectura! El verdugo y la víctima me asombraban por igual (...) A medianoche nos
retiramos juntos (...) aproveché la ocasión para sondear sus impresiones.
¿Representaba un papel conmigo? No, en verdad no había entendido...».
«Nadie,
en el círculo de amistades de los dos amantes, dudó ni un solo instante de la
realidad de esa presunta ficción. Ni Liszt, ni Balzac, ni Leroux, ni Mme
Marliani, ni Marie de Rozières, ni Heine (éste escribe a su amigo Laube: «Ella
maltrató escandalosamente a mi amigo Chopin en una novela detestable,
divinamente escrita»).
Daguerrotipo
de Chopin en 1846 o 1847, que se exhibe en la Fryderyk Chopin Society
(Varsovia).
Sand
niega ninguna relación, entre ellos y los protagonistas, cuando se la
interpela. Pero Chopin, dos años más tarde, en una carta que escribe desde
Escocia, dejará traslucir que adivinó perfectamente la maniobra de su amante:
«Nunca maldije a nadie, pero ahora me siento tan harto que me sentiría mejor si
pudiera maldecir a Lucrezia...».
El
disparador del fin es la complicada situación generada por el casamiento de
Solange con Clésinger, como Sand prohíbe a Chopin mencionarla siquiera si
quiere volver a Nohant, Chopin nunca volverá.20
Antes
de su partida hacia Londres Chopin escribe a su hermana Luisa (Ludwika) en
Varsovia respecto a Sand, luego del alejamiento de Solange:
«...trata
de olvidar, de aturdirse como le sea posible. Solo despertará cuando su corazón
hoy dominado por la cabeza le produzca demasiado dolor (...) Que Dios la guíe y
la proteja, pues no sabe distinguir entre un afecto verdadero y una adulación
(...) Ocho años de una vida en cierto modo ya arreglada eran demasiados años.
Dios ha permitido que durante esos años crecieran sus hijos. Si no hubiese sido
por mí, hace tiempo que su hijo y su hija ya no estarían con ella, sino en casa
de su padre. (...) Entre nosotros, solo ocurre que ya no nos vemos desde hace
tiempo, sin que haya habido entre nosotros ninguna batalla, ninguna escena. Y
no he ido a su casa porque ella me ha impuesto como condición la de guardar
silencio acerca de su hija.»
Gavoty
reflexiona sobre el carácter de Chopin: «Por primera vez, quizá, Sand acaba de
chocar –sin gritos y sin dramas– con alguien que le hace frente: y ese alguien
es ese silfo transparente, el pálido Karol, el fantoche a quien llamaba con una
ternura un tanto apiadada, "Chip" o "Chipette". El
carácter, la virilidad fundamental, la nobleza de Chopin, aparecen al final de
una aventura que había unido –creía ingenuamente Sand– a una mujer fuerte,
irreprochable, infalible, y un artista vacilante, manejable, dispuesto a
aceptarlo todo (...) Una vez más, la psicología de la amazona de Berry es
defectuosa.»21
El
canto del cisne
Molde
póstumo de la mano izquierda de Chopin.
El
16 de febrero de 1848, ante una sala repleta –con entradas difíciles de
conseguir y vendidas mucho antes– Chopin ofrece su último concierto parisino.
Un concierto largo que para él fue el canto del cisne: tuvo en el entreacto un
síncope en el vestíbulo. Aun cuando dio algunos conciertos en Londres, ninguno
sería como éste en la comunión que hubo con el público presente.
Un
largo elogio mereció de el Gazette musicale del 20 de septiembre que comenzaba
«Un concierto del Ariel de los pianistas es algo demasiado raro...(...) Sólo
diremos que el encantamiento no cesó de actuar un solo instante sobre el
auditorio, y que duraba cuando el concierto ya había terminado.»22
Chopin
escribe a Solange el 17 de febrero: «París está enfermo...» Seis días más tarde
estalla la insurrección, la Revolución de febrero de 1848.
Privado
de las benéficas estadías en Nohant la salud de Chopin empeoró, la resolución
de viajar a Londres fue poco meditada, viaja alentado por Jane Stirling quién
representará sin quererlo el funesto papel de ángel de la muerte. Esta escocesa
de 44 años enamorada de Chopin o de su música pretende llevarlo al matrimonio
con su insistencia ya que ella es muy rica y Chopin, aún enfermo, debe dar
lección tras lección para vivir.23 Chopin escribe a un amigo al respecto
«Preferiría desposarme con la muerte»24 y a su amigo Grzimala le precisa que
aún si se enamorase no se casaría en estas condiciones, «las que son ricas
buscan a los ricos, y si encuentran a uno que sea pobre será preciso que no
sea, por añadidura enfermo...»
Con
un poco de dinero del concierto del 16 llega a Londres el 21 de abril, adonde
Jane Stirling y su hermana la señora Erskine le han alquilado un departamento.
Desde
Londres escribe Chopin:
«Aquí
la música es una profesión, no un arte. Tocan excentricidades y las presentan
como obras de belleza total; interesarlos en cosas serias es una locura. La
burguesía exige lo extraordinario y la mecánica. El gran mundo escucha
demasiada música para prestarle una atención seria. Lady X..., una de las más
grandes damas de Londres, en cuyo castillo pasé unos días, es considerada una música.
Una noche que yo había tocado, le llevaron una especie de acordeón, y se puso
muy seriamente a ejecutar en él los aires más horribles. Todas estas criaturas
están un poco chifladas. Las que conocen mis composiciones me dicen: tocadme
vuestro segundo suspiro... me gustan mucho vuestras campanas... Lo único que se
les ocurre decirme es que mi música fluye como el agua... Ayer la anciana
Rothschild me preguntó cuanto cuesto. Como había pedido veinte guineas a la
duquesa de Sutherland, le respondí: veinte guineas. La buena mujer me dijo
entonces que, en efecto, toco muy bien, aunque me aconsejó que no pidiera
tanto, porque en esta season hace falta más moderation...»
El
alquiler de su departamento en Londres cuesta a Chopin 26 guineas mensuales; al
cabo de dos meses de permanencia en el país, Chopin se quejará de la racanería
y falta de amor sincero por el arte de los grandes señores".25
Vuelve
a dar clases, cinco alumnos hacia finales de mayo.
Breves
fragmentos de cartas que Chopin escribe desde Gran Bretaña que no dejan duda de
la infelicidad que lo acompaña en forma casi permanente -con breves periodos de
paz y alegría cuando para en lo de sus amigos (polacos).
«A
pesar del clima, quieren retenerme en Londres. En cuanto a mí querría otra
cosa, ¿pero qué?... Si ese Londres fuera menos negro... si la gente fuera menos
pesada, si no existieran esa bruma ni ese polvo de carbón, me dedicaría a
aprender el inglés. ¡Pero los ingleses son tan distintos de los franceses a los
que me he apegado como a los míos propios...!»26
Desde
Escocia a Marie de Rozières...
«muchas
personas me atormentan aquí para que toque, y acepto por cortesía. Pero siempre
toco con una nueva pena, jurándome que no volverán a obligarme pues me
encuentro entre el enervamiento y el abatimiento».27
¿Por
qué ya no componéis?, le preguntaban sus anfitriones y amigos...
«En
verdad -escribía él a Franchomme- no tengo en la cabeza una sola idea musical;
ya no estoy para nada en mi elemento. Me siento como un asno en un baile de
máscaras, o como una cuerda de violín en un bajo de viola... Estoy aturdido, no
me siento a gusto...».27
«Veo
montañas y lagos, y un parque encantador; en una palabra un espectáculo de los
más renombrados en Escocia. Sin embargo solo veo algo de eso cuando a la bruma
le place ceder unos minutos ante un sol no muy combativo. Y todas las semanas
me arrastro a otro lugar. ¿Qué decir del aburrimiento mortal de las veladas, a
lo largo de las cuales jadeo esforzándome por mantener un buen semblante, por
fingir algún interés por las tonterías que se intercambian de poltrona a
poltrona? Por todas partes excelentes pianos, hermosos cuadros, bibliotecas
selectas, canapés, perros, cenas de nunca acabar, diluvio de duques, condes,
barones. ¿Es posible aburrirse tanto como yo me aburro?».28
«Aparento
estar alegre, especialmente cuando me encuentro entre compatriotas, pero llevo
algo en mí que me mata, pálpitos sombríos,intranquilidad, insomnio, nostalgia,
indiferencia por todo; en un momento alegría de vivir, pero en seguida deseo de
muerte, apatía, congelación, ausencia de espíritu y a veces recuerdos demasiado
claros me martirizan.».29
Finalmente
desde Londres escribe a su amigo Grzimala:
«Tengo
los nervios agotados y no puedo terminar esta carta. Padezco de una nostalgia
estúpida; a despecho de mi resignación, no sé que hacer con mi persona y eso me
atormenta... Ya no puedo estar triste o feliz; ya no siento realmente nada,
vegeto, sencillamente, y espero con paciencia mi fin... ¡Ah, si pudiera saber
que la enfermedad no me acabará aquí el próximo invierno!».30
El
23 de noviembre de 1848 sale de Londres para regresar a París adonde su amigo
Grzimala le ha alquilado un departamento con vista al sur, más confortable que
aquél que tenía al irse hacia Gran Bretaña, adonde pasará sus últimos meses.
Gavoty
concluye este capítulo que ha titulado «Hacia las brumas de Escocia» de esta
forma: «Así termina -lamentablemente- la aventura británica. En siete meses ha
cambiado sesenta y una veces de domicilio, enfrentado a diferentes multitudes,
ofrecido conciertos sin prestigio, perdido su tiempo, visto agravarse su estado
de salud, y como premio de tantas fatigas no lleva a París ni un centavo.
Seguro que su final está cercano, solo ignora la duración del tiempo que le
queda.».31
Fallecimiento
Máscara
mortuoria de Chopin, creada por Auguste Clésinger el 17 de octubre de 1849.
El
comienzo del año 1849 encontró a Chopin demasiado débil como para enseñar. Sólo
fue capaz de visitar a su amigo Mickiewicz –tan enfermo como él–, tocar un poco
el piano e improvisar algunos acordes. Al difundirse la noticia de que su
estado empeoraba, gran parte de la sociedad parisina (incluyendo sus
coterráneos residentes allí) quiso ir a visitarlo: alumnos, amigos, damas,
todos aquellos que lo habían aplaudido cuando estaba frente al teclado
quisieron verlo para decirle adiós. Uno de los más asiduos era el pintor
Delacroix, que lo visitaba casi cada día para confortarlo y darle su aliento.
En
ese lóbrego verano, trabajó en los borradores de su última pieza, la Mazurca en
fa menor (publicada tras su muerte como Op. 68 n.º 4). Avisada del próximo
final del genial compositor, su hermana Ludowika viajó desde Varsovia con su
esposo e hija para verlo y atenderlo en su casa de la Place Vendôme 12. A pesar
de que George Sand insistió en verlo, Ludowika le negó la entrada, aunque
permitió que la hija de ella, Solange, pasara a visitarlo.
Tumba
de Chopin en el Cementerio de Père-Lachaise de París.
Chopin
sabía que se moría, pero, sorprendentemente, dijo a los circunstantes:
Encontraréis
muchas partituras, más o menos dignas de mí. En nombre del amor que me tenéis,
por favor, quemadlas todas excepto la primera parte de mi método para piano. El
resto debe ser consumido por el fuego sin excepción, porque tengo demasiado
respeto por mi público y no quiero que todas las piezas que no sean dignas de
él, anden circulando por mi culpa y bajo mi nombre.
Nadie
hizo caso de dicha petición. Ya en plena agonía, tuvo aún la fuerza suficiente
para otorgar a cada visitante un apretón de manos y una palabra amable.
Falleció a las dos de la madrugada del 17 de octubre de 1849, a la edad de 39
años.
El
obituario publicado en los periódicos dice textualmente: «Fue miembro de la
familia de Varsovia por nacionalidad, polaco por corazón y ciudadano del mundo
por su talento, que hoy se ha ido de la tierra».
El
solemne funeral de Frédéric Chopin se celebró en la iglesia de Santa Magdalena
de París el día 30. En él, cumpliendo disposiciones de su testamento, se
interpretaron sus Preludios en mi menor y en si menor, seguidos del Réquiem de
Mozart. Más tarde, durante el entierro en el Cementerio de Père-Lachaise, se
tocó la Marche funèbre de su Sonata Op. 35.
Aunque
su cuerpo permanece en París, se obedeció la última voluntad del músico,
extrayendo su corazón y depositándolo en la Iglesia de la Santa Cruz de
Varsovia.
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